Hay proyectos que nacen de una idea repentina. Y hay proyectos que nacen de la acumulación. Karmina AI Studio pertenece claramente al segundo grupo.
Agència Karmina acaba de presentar Karmina AI Studio, un espacio propio para convertir en agentes, servicios, formación y herramientas todo el conocimiento en inteligencia artificial que el equipo ha ido acumulando durante los últimos años. He tenido la oportunidad de acompañar esta fase desde dentro, como formadora y consultora del equipo, y quiero contar por qué este lanzamiento me parece especialmente significativo.
Nada de esto surge de la noche a la mañana. Detrás hay más de 100 formaciones en LLMs e inteligencia artificial aplicada, impartidas junto a Utopiq, dirigidas tanto a equipos internos como a clientes de sectores muy distintos. Detrás hay también meses de experimentación real, no de laboratorio: proyectos ejecutados con Solorelatio, con AENA, con el Ajuntament de Terrassa. Empresas privadas, entidades sociales, instituciones públicas y multinacionales, todas atravesando el mismo proceso de aprender a integrar IA sin perder el control sobre lo que realmente importa.
En algún punto de ese recorrido, la pregunta dejó de ser cuánto sabemos y pasó a ser qué hacemos con lo que sabemos. Karmina AI Studio es la respuesta a esa pregunta.
Lo más interesante de Karmina AI Studio es lo que ha decidido no ser. No es un catálogo de tecnología. No es una colección de herramientas genéricas etiquetadas como IA para parecer actuales. Es, ante todo, una forma de conectar la inteligencia artificial con el conocimiento, los procesos y las necesidades reales de cada organización, manteniendo siempre el criterio y las decisiones importantes en manos de las personas.
Esa última parte no es un matiz menor. Es, probablemente, la decisión más importante del proyecto. En un momento en el que muchas empresas automatizan primero y piensan después, Karmina ha optado por el camino inverso: entender primero, automatizar con criterio después.
Antes de llevar esta filosofía a clientes, Karmina la ha aplicado sobre sí misma. Los primeros cambios se han implementado directamente en el equipo de gerencia y administración, junto a Martina Díaz-Corbalán y Ariadna D. Miranda. No fue un ejercicio teórico ni una demo bonita. Fue rediseñar procesos reales de trabajo diario, usando la voz como principal activo de interacción, y apoyándose en herramientas como Codex y Claude para construir un ecosistema que responde a necesidades concretas del equipo, no a una lista de funcionalidades de moda.
Ver ese proceso de cerca, como consultora y formadora, ha sido una confirmación de algo en lo que creo firmemente: la formación en IA solo tiene sentido cuando se traduce en decisiones y procesos reales dentro de una organización. No en diapositivas. En el día a día.
En 2026, Karmina ha duplicado su facturación. Es un dato que merece mencionarse. Pero no es, para mí, el dato más relevante. Lo que de verdad importa es que, en lugar de limitarse a repetir lo que ya funcionaba, el equipo decidió construir algo nuevo a partir de lo aprendido. Elegir dirección propia en lugar de seguir la de otros es, casi siempre, la decisión más difícil y la más importante que puede tomar una organización en crecimiento.
Karmina AI Studio es apenas el principio de esta nueva etapa. En los próximos meses, el equipo seguirá explicando su plan de expansión para los próximos años. Y yo seguiré acompañando ese camino con la misma convicción con la que empezamos: la inteligencia artificial no sustituye el criterio de las personas. Lo amplifica, cuando se implementa bien.